ESTABLECIMIENTO FRUTI-VITIVINÍCOLA Y BODEGA “LA ESMERALDA”
DE BENIGNO A. GUTIÉRREZ ACHA / BODEGA VIDELA DORNA.
En el arco Norte de la Isla Grande de Choele Choel, se
instaló este emprendimiento, fundado en 1911 por el ingeniero Benigno Alfredo
Gutiérrez Acha, localizado en una isla de 168 hectáreas de superficie; allí
donde el brazo Norte del río Negro serpentea, fluyendo sus encrestadas aguas a
la sombra sin voz de los sauces en galería.
La verde exuberancia del paisaje, que embellece a la
belleza, insinuó el nombre del establecimiento: “La Esmeralda”, transformándose
rápidamente en la piedra preciosa del Valle Medio.
Con la cohesión y el vigor necesarios para afrontar las
situaciones difíciles, el Ing. Gutiérrez Acha instala una balsa sobre el cauce
del río e inicia la implantación de frutales, y usufructuando el fuego
abrasador de las arenas –que darán mostos vivificantes y generosos– emprende el
cultivo de vides.
Construye la bodega y para el año 1916 muele su primera
vendimia y meses más tarde don Alfredo, al atardecer, a la hora que la luz se
vuelve más quieta, levanta la roja copa desbordante de la preciada ambrosía y
brinda con alegría y regodeo desafiante.
Al poco tiempo de inaugurada la bodega, identificada como
Bodega N° 332, cobran notoriedad sus selectos vinos Cabernet-Sauvignon y
Malbec, que se expenden con la marca La Esmeralda. La documentación existente,
asimismo, establece que entre otras variedades cultivadas se hallaban:
Semillón, Barbera, Torantel (Torrontés), Pedro Giménez, Moscatel Rosado y
Criolla Grande o Sanjuanina.
En 1928 bajo la supervisión del enólogo Antonio Croce se
instalan 12 hectáreas de un atrayente y estético parral veneciano, llamado
también “rayo”, Bellussi o Pini, bajo las premisas de: mitigar los daños
ocasionados por las heladas tardías o primaverales; favorecer la acumulación de
azúcares en los racimos al estar provistas las cepas de una mayor cantidad de
madera vieja y por ende una mayor acumulación de sustancias de reserva dada por
un área foliar más amplia y eficiente; obtener una mayor producción de uvas;
facilitar la aplicación del abonado; y lograr una mejor sanidad de las plantas
y los racimos. Sus amplias distancias de plantación, de 8,00 metros entre
hileras por 4,00 metros entre plantas, y su compleja disposición de alambres
cruzados en forma de rayos de rueda de bicicleta, le conferían el aspecto de
ostentosas estructuras que a partir de los albores de la primavera rápidamente
comenzaban a cubrirse de un verde sensación de paz.
Adicionando esta superficie implantada a la ya existente, el
establecimiento alcanza una superficie cultivada con viña de 41 ha 64 as 88 ca
92,73 m2.
La bodega contaba con 20 piletas sobre la superficie y 2
piletas subterráneas, que alcanzaban una capacidad de vasija fija de 220.000
litros y 33.000 litros en toneles y cubas de madera de roble, lo que totalizaba
una capacidad de vasija de 253.000 litros.
Entre los años 1930 – 33 ejerce la administración de esta
firma don Jaime Font Saravia (1907 – 1966), quien además fue Juez de Paz
Suplente en Choele Choel entre agosto – diciembre del año 1932. Posteriormente
se transformaría en un célebre locutor y animador porteño, integrante del staff
de LR1 Radio El Mundo de Buenos Aires, y a quien se lo consideró como un
monstruo sagrado de la radiofonía nacional. Asimismo, cobró protagonismo como
intérprete en las películas: “Caras argentinas” (1939) y “La quinta calumnia”
(1941).
Tiempos aquellos en que su bohemia insomne alimentaba la
magia de los silencios y fantasías de las noches isleñas, esas noches que caían
buscando su corazón en la isla, noches bañadas por la tierna luminosidad de la
luna patagónica y acompasadas por los nostálgicos acordes del violín, las
guitarras criollas que desprendían en sus gemidos arrabaleros: coraje, pasión y
lamentos, las chicas que imponían con su belleza la verdad de las formas, la
poesía plena y la sed bebida por los impenitentes exegetas báquicos que
resistían insurgentes trizando pedazos de crepúsculos, arrancando jirones de la
aurora incontestable buscando estirar las noches. Y don Jaime Font Saravia, se
sentía dueño de esas albas donde parecía suspirar la agonía de las sombras.
Sin duda, la estancia en la isla de este peculiar y
exclusivo personaje, antiguo y bondadoso habitante del alba que supo rendir
tributo a la noche, ha dejado una vivencia oblicua y polivalente, de recuerdos
imborrables, una señal indeleble en la memoria de los isleños.
Otro personaje de “La Esmeralda” fue el búlgaro Dimitri
Petrov. Aún retumban hoy, en remotos y borrosos ecos, las mentas sobre su
“grappa” de elaboración artesanal –una bocanada ígnea que se precipitaba por la
garganta hasta las entrañas–, la que según recuerdan los viejos lugareños,
podía: “Hacer hablar a los mudos y a los políticos decir la verdad”.
Asimismo, emanan lejanos y melancólicos recuerdos sobre los
impetrantes vinos tintos, redondos y sedosos, que ofrecían un paraíso de
posibilidades hedonísticas inacabables.
Este establecimiento, ejemplo del trabajo perseverante y
deleite indescriptible para el espíritu, por línea sucesoria queda al expirar
la década de los años ´50 en manos de la familia Videla Dorna.
Es, también, hacia esa misma época que La Esmeralda
interrumpe su actividad vitivinícola. A partir del año 2007 “La Esmeralda”
renace bajo el emprendimiento familiar denominado Bodega Videla Dorna, reiniciando
la actividad vitivinícola en forma artesanal, elaborando vinos blancos, rosados
y tintos jóvenes, reserva y gran reserva, comercializados bajo las marcas
Calfulén y Maroma.
Así, esta espléndida propiedad – enclavada entre la belleza
y la calma–, donde el otoño regala su más romántico paisaje, sigue subyugando a
los visitantes que a través del turismo rural acceden a ella.
BARTOLOMÉ "MANOLO" PÉREZ Y EL NOBLE OFICIO DE
TONELERO.
Quiero en estas breves líneas recordar el viejo e
imprescindible oficio de tonelero, ya extinguido hace muchos años a nivel de
las bodegas –desde que se dejó de expender el vino en bordelesas o cascos–, y
hacer una evocación muy particular para mi tío Manolo Pérez (1917 – 1963), y en
él homenajear a todas aquellas personas que ejercieron el noble oficio de
tonelero.
A los 16 años ingresa como ayudante de tonelero en el
Establecimiento Vitivinícola “La Esmeralda” de Luis Beltrán, donde aprende el
oficio. Hacia el año 1936, buscando nuevas oportunidades viaja al Alto Valle de
Río Negro y Neuquén y trabaja como tonelero en la Bodega La Falda en
Cipolletti.
Alterna temporadas de trabajo entre las localidades de
Cipolletti y Luis Beltrán, como puede leerse en el aviso del periódico semanal
EL MENTOR del año 1937 en que ofrece sus servicios de reparación de distintos
tipos de toneles.
En el entonces pueblo de Cipolletti, contrae enlace en el
año 1939 con María del Pilar Herrera y en los albores del año 1941 toma la
iniciativa de regresar definitivamente a la isla, donde se instala con su mujer
y su pequeña hijita Irma en la chacra de la familia en Luis Beltrán.
La rapidez, habilidad y destreza en el desarmado,
calafateado y posterior armado de los barriles –envases de madera más pequeños–
y los cascos o bordalesas –que eran los envases de madera de 200 litros más
generalizados para expender el vino al consumo–, le permitieron cimentarse la
fama de uno de los mejores toneleros de la Isla Grande de Choele Choel, siendo
su trabajo muy codiciado por las diversas bodegas de la zona.
Fue durante varios años tonelero de la Cooperativa Agrícola
Colonia Choele Choel Ltda. Falleció en Luis Beltrán en el año 1963 a los 46
años de edad.
Reseña del Sr. Federico Witkowsky.
Imagen y texto publicados en
Etiquetas Bordalesas de vino -Facebook- del Sr. Federico
Witkowsky.

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