viernes, 27 de marzo de 2026

ESTABLECIMIENTO FRUTI-VITIVINÍCOLA Y BODEGA “LA ESMERALDA” DE BENIGNO A. GUTIÉRREZ ACHA / BODEGA VIDELA DORNA.


 

ESTABLECIMIENTO FRUTI-VITIVINÍCOLA Y BODEGA “LA ESMERALDA” DE BENIGNO A. GUTIÉRREZ ACHA / BODEGA VIDELA DORNA.

En el arco Norte de la Isla Grande de Choele Choel, se instaló este emprendimiento, fundado en 1911 por el ingeniero Benigno Alfredo Gutiérrez Acha, localizado en una isla de 168 hectáreas de superficie; allí donde el brazo Norte del río Negro serpentea, fluyendo sus encrestadas aguas a la sombra sin voz de los sauces en galería.

La verde exuberancia del paisaje, que embellece a la belleza, insinuó el nombre del establecimiento: “La Esmeralda”, transformándose rápidamente en la piedra preciosa del Valle Medio.

Con la cohesión y el vigor necesarios para afrontar las situaciones difíciles, el Ing. Gutiérrez Acha instala una balsa sobre el cauce del río e inicia la implantación de frutales, y usufructuando el fuego abrasador de las arenas –que darán mostos vivificantes y generosos– emprende el cultivo de vides.

Construye la bodega y para el año 1916 muele su primera vendimia y meses más tarde don Alfredo, al atardecer, a la hora que la luz se vuelve más quieta, levanta la roja copa desbordante de la preciada ambrosía y brinda con alegría y regodeo desafiante.

Al poco tiempo de inaugurada la bodega, identificada como Bodega N° 332, cobran notoriedad sus selectos vinos Cabernet-Sauvignon y Malbec, que se expenden con la marca La Esmeralda. La documentación existente, asimismo, establece que entre otras variedades cultivadas se hallaban: Semillón, Barbera, Torantel (Torrontés), Pedro Giménez, Moscatel Rosado y Criolla Grande o Sanjuanina.

En 1928 bajo la supervisión del enólogo Antonio Croce se instalan 12 hectáreas de un atrayente y estético parral veneciano, llamado también “rayo”, Bellussi o Pini, bajo las premisas de: mitigar los daños ocasionados por las heladas tardías o primaverales; favorecer la acumulación de azúcares en los racimos al estar provistas las cepas de una mayor cantidad de madera vieja y por ende una mayor acumulación de sustancias de reserva dada por un área foliar más amplia y eficiente; obtener una mayor producción de uvas; facilitar la aplicación del abonado; y lograr una mejor sanidad de las plantas y los racimos. Sus amplias distancias de plantación, de 8,00 metros entre hileras por 4,00 metros entre plantas, y su compleja disposición de alambres cruzados en forma de rayos de rueda de bicicleta, le conferían el aspecto de ostentosas estructuras que a partir de los albores de la primavera rápidamente comenzaban a cubrirse de un verde sensación de paz.

Adicionando esta superficie implantada a la ya existente, el establecimiento alcanza una superficie cultivada con viña de 41 ha 64 as 88 ca 92,73 m2.

La bodega contaba con 20 piletas sobre la superficie y 2 piletas subterráneas, que alcanzaban una capacidad de vasija fija de 220.000 litros y 33.000 litros en toneles y cubas de madera de roble, lo que totalizaba una capacidad de vasija de 253.000 litros.

Entre los años 1930 – 33 ejerce la administración de esta firma don Jaime Font Saravia (1907 – 1966), quien además fue Juez de Paz Suplente en Choele Choel entre agosto – diciembre del año 1932. Posteriormente se transformaría en un célebre locutor y animador porteño, integrante del staff de LR1 Radio El Mundo de Buenos Aires, y a quien se lo consideró como un monstruo sagrado de la radiofonía nacional. Asimismo, cobró protagonismo como intérprete en las películas: “Caras argentinas” (1939) y “La quinta calumnia” (1941).

Tiempos aquellos en que su bohemia insomne alimentaba la magia de los silencios y fantasías de las noches isleñas, esas noches que caían buscando su corazón en la isla, noches bañadas por la tierna luminosidad de la luna patagónica y acompasadas por los nostálgicos acordes del violín, las guitarras criollas que desprendían en sus gemidos arrabaleros: coraje, pasión y lamentos, las chicas que imponían con su belleza la verdad de las formas, la poesía plena y la sed bebida por los impenitentes exegetas báquicos que resistían insurgentes trizando pedazos de crepúsculos, arrancando jirones de la aurora incontestable buscando estirar las noches. Y don Jaime Font Saravia, se sentía dueño de esas albas donde parecía suspirar la agonía de las sombras.

Sin duda, la estancia en la isla de este peculiar y exclusivo personaje, antiguo y bondadoso habitante del alba que supo rendir tributo a la noche, ha dejado una vivencia oblicua y polivalente, de recuerdos imborrables, una señal indeleble en la memoria de los isleños.

Otro personaje de “La Esmeralda” fue el búlgaro Dimitri Petrov. Aún retumban hoy, en remotos y borrosos ecos, las mentas sobre su “grappa” de elaboración artesanal –una bocanada ígnea que se precipitaba por la garganta hasta las entrañas–, la que según recuerdan los viejos lugareños, podía: “Hacer hablar a los mudos y a los políticos decir la verdad”.

Asimismo, emanan lejanos y melancólicos recuerdos sobre los impetrantes vinos tintos, redondos y sedosos, que ofrecían un paraíso de posibilidades hedonísticas inacabables.

Este establecimiento, ejemplo del trabajo perseverante y deleite indescriptible para el espíritu, por línea sucesoria queda al expirar la década de los años ´50 en manos de la familia Videla Dorna.

Es, también, hacia esa misma época que La Esmeralda interrumpe su actividad vitivinícola. A partir del año 2007 “La Esmeralda” renace bajo el emprendimiento familiar denominado Bodega Videla Dorna, reiniciando la actividad vitivinícola en forma artesanal, elaborando vinos blancos, rosados y tintos jóvenes, reserva y gran reserva, comercializados bajo las marcas Calfulén y Maroma.

Así, esta espléndida propiedad – enclavada entre la belleza y la calma–, donde el otoño regala su más romántico paisaje, sigue subyugando a los visitantes que a través del turismo rural acceden a ella.

BARTOLOMÉ "MANOLO" PÉREZ Y EL NOBLE OFICIO DE TONELERO.

Quiero en estas breves líneas recordar el viejo e imprescindible oficio de tonelero, ya extinguido hace muchos años a nivel de las bodegas –desde que se dejó de expender el vino en bordelesas o cascos–, y hacer una evocación muy particular para mi tío Manolo Pérez (1917 – 1963), y en él homenajear a todas aquellas personas que ejercieron el noble oficio de tonelero.

A los 16 años ingresa como ayudante de tonelero en el Establecimiento Vitivinícola “La Esmeralda” de Luis Beltrán, donde aprende el oficio. Hacia el año 1936, buscando nuevas oportunidades viaja al Alto Valle de Río Negro y Neuquén y trabaja como tonelero en la Bodega La Falda en Cipolletti.

Alterna temporadas de trabajo entre las localidades de Cipolletti y Luis Beltrán, como puede leerse en el aviso del periódico semanal EL MENTOR del año 1937 en que ofrece sus servicios de reparación de distintos tipos de toneles.

En el entonces pueblo de Cipolletti, contrae enlace en el año 1939 con María del Pilar Herrera y en los albores del año 1941 toma la iniciativa de regresar definitivamente a la isla, donde se instala con su mujer y su pequeña hijita Irma en la chacra de la familia en Luis Beltrán.

La rapidez, habilidad y destreza en el desarmado, calafateado y posterior armado de los barriles –envases de madera más pequeños– y los cascos o bordalesas –que eran los envases de madera de 200 litros más generalizados para expender el vino al consumo–, le permitieron cimentarse la fama de uno de los mejores toneleros de la Isla Grande de Choele Choel, siendo su trabajo muy codiciado por las diversas bodegas de la zona.

Fue durante varios años tonelero de la Cooperativa Agrícola Colonia Choele Choel Ltda. Falleció en Luis Beltrán en el año 1963 a los 46 años de edad.

Reseña del Sr. Federico Witkowsky.

Imagen y texto publicados en

Etiquetas Bordalesas de vino -Facebook- del Sr. Federico Witkowsky.

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