domingo, 1 de abril de 2018

Bianchi: la bodega del “poeta” que se convirtió en un ícono del vino argentino.

Bianchi: la bodega del “poeta” que se convirtió en un ícono del vino argentino.

La historia de Valentín, el maestro amante de la opera que llegó de Italia, construyó una bodega familiar que hoy cumple 90 años y que aún sigue en manos de esta, sin perder el designio de su fundador, la calidad.
¿Porque a veces la vida se empecina en darnos aquellas cosas que ni si quiera hemos soñado? ¿Hasta dónde la fortuna y nuestras acciones pueden marcar el rumbo de aquello que pretendimos ser y en aquello en que nos convertimos? Esas son preguntas que seguramente rondaron en la cabeza y en los pensamientos trasnochados de aquel profesor italiano que llego a principios del siglo XX a San Rafael y que, casi 20 años después, de esa llegada comenzó a gestar una de las bodegas más emblemáticas de América, Bodegas Bianchi.
Es que Valentín, el joven culto de Fasano, en la región de Puglia, Italia, recibido de maestro en Bari no dudo un segundo en venir a estas tierras allá por 1910. 
Eran momentos difíciles en Europa y la decisión apremiaba, como así también la vida misma. El “gringo de la letra bonita” como lo apodaron en estos “nuevos” pagos encontró aquí un papel en blanco, pero un papel listo para ser labrado, plantado, cosechado y hecho vino.  Pero debía esperar, el amor por la tierra había sido a primera vista, pero recién después de unos años la vida lo iba a poner en el lugar que le tenía preparado.  Se desempeñó como empleado del ferrocarril, oficinista, y hasta concejal del H.C.D. de San Rafael, sin dejar de reunirse con los intelectuales y poetas de la zona, como Rodolfo Bufano y Rafael Mauleon Castillo, para disfrutar de la música lírica y las letras. Hombre de ideas inquietas,  empezó a diseñar lo que en un futuro seria su proyecto de vida: fundar una bodega y exportar sus vinos al mundo. Se casó con Elsa Pilati y tuvo seis hijos: Ana, Nino, Enzo, Silvia, Eugenio y Mario.
“La calidad”, pensaba Valentín, “la calidad”, volvía a pensar, esa característica común en cada cosa que hacía. Los comienzos fueron muy difíciles y con dificultades económicas, ¿pero para quién no lo fueron en ese entonces?
En aquella primera etapa Bianchi inició la bodega en sociedad con su cuñado Hugo y la llamó “El Chiche” pero al poco tiempo continuaría solo.
Siempre se enfocó en hacer vinos de calidad es por eso que en 1934, en un  certamen de vinos organizado por el gobierno de Mendoza,  en el que participó con tres vinos, obtuvo dos primeros puestos. Esto causó sensación en la ciudad y por supuesto  la curiosidad de saber cuál era esa bodega ganadora del sur, de allá lejos, y más aún quien era este “gringo” del que todos hablaban y al que muy pocos conocían. Y… “el gringo” se hizo conocer, porque no solo este premio le permitió cancelar la construcción de su bodega al lado de su casa en pleno centro sanrafaelino,  sino que le dio el impulso para salir desde San Rafael al país y luego al mundo.
“La pequeña bodega de los grandes vinos“, empezaba su carrera histórica, recibió honores y los vinos empezaron a gozaron de prestigio por su calidad. Esa que lo llevó a representar al país con los vinos en muchas embajadas argentinas en el mundo.
Un dato no menor, uno de los vinos de aquel ya lejano concurso era un malbec. ¿Es que acaso el visionario enólogo autodidacta ya pronosticaba lo que iba a acontecer con la cepa insignia argentina? Ocho décadas más tarde Bodegas Bianchi gana, en 2014,  en el concurso de Vinalies Internationales,  en Francia, el premio a “Mejor Vino Tinto del Mundo”, un galardón que hasta ese momento no había ganado ninguna bodega  no francesa.
“Evidentemente nuestro nono era un gran visionario. Un amigo de Valentín me contaba en una oportunidad, que se hacía hacer cajones de madera para sus vinos. Él decía que el futuro de Mendoza eran los vinos de alta calidad. Está visto que no se equivocó”, cuenta Raúl Bianchi, tercera generación familiar y parte del directorio.
No cabe dudas que Don Valentín marcó un camino desde sus inicios: La Excelencia. Inspiración, que le dicen algunos, sabiduría, otros. El mismo hizo pintar en su bodega una frase que no solo lo marcó a él sino que sigue marcando a las generaciones que lo sucedieron.
“La bodega habla: “ si Dios me da vida hare hacer gloria de mi sangre” (se mi dà vita iddio farò diventi gloria essere sangue mio), una  frase de Giuseppe Giacossa (libretista de la opera La Boheme). “La sangre de una bodega es el vino y para hacer gloria de una bodega  hay que hacer vinos de calidad o de gloria”. La síntesis perfecta de los que fue su vida.
Valentín Bianchi  reunía condiciones que hoy en día muchas veces son tomadas a la ligera y que en definitiva son las que hacen grande a un país o, por qué no, a una empresa: cultura del trabajo, capacitación en busca de la excelencia, y valores, las claves para salir adelante. 
Las nuevas generaciones generadoras.
Con el tiempo se incorpora a la bodega el hijo de Don Valentín,  Enzo, con la misma filosofía del cuidado de la calidad en los vinos y con el afán de seguir superándose en ese ítem. Nace uno de los vinos iconos de la empresa Don Valentín Lacrado, el vino más vendido de la empresa. Y en una etapa posterior se suma Valentin, el hijo de Enzo, enólogo recibido, cuando ya había nacido la enología a nivel universitario. A partir de aquí comienza una gran trasformación de la empresa. Ya en 1997 se inaugura la champanera, que era el sueño de Enzo Bianchi, que mientras tanto ya iba produciendo la bebida de las burbujas pero para la familia. Enzo dejó una perla para la bodega,  el desarrollo de un champagne de Cabernet Sauvignon, único en el mundo. En 2010, el espumante Stradivarius Extra Brut Cabernet Sauvignon 1998, Casa Bianchi quedó el top ten mundial al quedarse con máximo galardón en el Concurso Internacional de los mejores Espumantes del Mundo (Effervescents du Monde), en París.
Este legado continuador de  Enzo Bianchi y Valentín “Tincho” Bianchi le valió a la bodega transformarse en una de las  de mayor prestigio en el país y el mundo. Ambos fueron reconocidos enólogos que continuaron la labor del fundador con la misma vocación.
“Donde hoy se encuentra las instalaciones de Bodegas Bianchi, no es casualidad dice Sylvia Bianchi, hija de Enzo Bianchi, y presidente de la Fundación Valentín Bianchi. Y agrega: “Era un lugar muy anhelado por Enzo, en la zona del Alto Las Paredes, un terreno con una elevación natural que le permitió realizar las cavas de manera subterránea, que era lo ideal para él. Atrás de ese lugar ya se encontraba las fincas de Las Paredes. Él decía que quería hacer vino y champagne en un lugar que se luciera”.
Fue una idea muy importante porque San Rafael fue creciendo y la primera bodega, la construida por Don Valentín,  quedo “atrapada” en la ciudad.
Hoy todo es elaborado en esta  planta que fue pionera en la trasformación tecnológica en la manera de hacer vinos. En aquella oportunidad Enzo y Valentín recorrieron el mundo antes de construir esta nueva bodega. “Fuimos pioneros en la trasformación tecnológica de la vitivinicultura y aun lo somos”, apunta Sylvia.
La transformación tecnológica de la empresa viene acompañada con la creación de nuevas líneas de vinos súper premiun como  Famiglia,  Particular, María Carmen, y el icono de la empresa,  Enzo Bianchi,  homenaje de Valentín ( tercer generación a su padre Enzo). Además de la presencia de  asesores externos  como Paul Hobbs y Bob Pepi en vinos y Corinne Lateyron,  enológa de Francia en la bodega  de champagne. En la innovación  y mejora continua hoy, Bodegas Bianchi, cuanta con un equipo consolidado con los enólogos Silvio Alberto y Sergio Pomar en la renovación permanente de objetivos. Y la inauguración de la nueva bodega Enzo Bianchi en Valle de Uco. Un dato curiosos, después de 90 años de vida, la bodega un sigue elaborando y comercializando el Chablis y el Borgoña, como lo hacía don Valentín.
Radiografía de Bodegas Bianchi hoy.
Bodegas Bianchi es una bodega familiar de cuarta generación. Ubicada en Mendoza, también es conocida como “Valentín Bianchi” en honor a su fundador, que en 1928 comenzó lo que hoy es una de las principales bodegas en el muy competitivo mercado del vino argentino en el mundo. Estratégicamente situada en dos terroirs destacados de la provincia -San Rafael y Valle de Uco- su portfolio se basa en diversas marcas muy reconocidas que ofrecen en todos los casos alta calidad, prestigio y valor. Las principales etiquetas de la bodega son Enzo Bianchi, María Carmen, Bianchi Particular, Famiglia Bianchi, Elsa Bianchi y los espumantes de Bianchi Premium Extra Brut, Bianchi Extra Brut Rosé, método tradicional. Su marca New Age de vinos frizzantes,  favoritos de los Millennials, y los vinos tradicionales Don Valentín se destacan también entre sus marcas. Después de casi un siglo de trabajo, éxito y renombre, Bodegas Bianchi sigue respetando el legado de la familia, manteniendo viva la pasión por el vino, cruzando fronteras y explorando constantemente nuevos horizontes.
PUBLICADO EN GUARDA 14 DEL DIARIO LOS ANDES DE MENDOZA.

martes, 20 de marzo de 2018

El ¿regreso? del vino con soda Beber vino rebajado con soda es una costumbre típicamente argentina, que data de hace decenas y decenas de años. Hoy en día, por diversos motivos, parece estar nuevamente de moda. La pregunta es: ¿alguna vez dejó de estarlo?

Las imparables caídas en el consumo del vino en Argentina (al igual que en otros países como España), hacen repensar la estrategia (negativa, sin dudas) que se utilizó y se utiliza para comunicar el vino desde algunos sectores. Esa entronización de este producto tan masivo y noble, tuvo su apogeo entre las décadas de 1990 y 2000. Allí, hubo una expansión gigantesca de bodegas pasando, en el caso de Argentina, de algunas decenas de ellas a más de mil establecimientos elaboradores.
También, se desarrollaron y potenciaron las carreras de sommelier, aparecieron los “entendidos” y las revistas especializadas, junto con las reuniones en los salones de hoteles de lujo donde el más “capo” era aquel que encontraba más olor a frutos rojos en un vino. Paralelamente, el vino pasó a ser una de las principales fuentes de ingreso de casi cualquier restaurante, a raíz del margen de ganancia por botella. ¿Está mal que haya sucedido esto?
No…para nada…¿por qué habría de estarlo? Lo que sí está pésimo, es haberse olvidado de aquella persona que sostiene el negocio vitivinícola, esa persona que bebe el vino en su casa, con su familia, en la cena, en el mediodía (costumbre casi del pasado), que lo bebía puro, con soda, con hielo, o como se le antojase. Ese consumidor, quedó un tanto al margen de los vinos que salían en las contratapas de las revistas, o en los carteles de las autopistas.
Y ese error, se ve reflejado ahora, y se está viendo reflejado desde hace varios años. No se le explicó al consumidor que si no encontraba los frutos rojos, estaba todo bien igual. No se le explicó de qué se trata el vino realmente, y no se le explicó, que en realidad no necesita explicación para disfrutarlo. Entonces la gente “se asustó”, y tuvo nacimiento la lamentable frase “yo no entiendo nada de vino, tomemos otra cosa”.
Mire Usted lo siguiente: el vino es una bebida tremendamente versátil, ya que, como decíamos, puede ser bebido de diferentes formas, acorde a los gustos de quien lo consume. Eso no sucede con otras bebidas. No sucede con la que pasó a ser, en teoría, la principal competidora del vino: la cerveza. Entonces, debe entenderse que un gran vino, bebido puro, podrá demostrarnos en plenitud sus atributos, ya que la bodega no lo diseña para ser rebajado.
Ahora bien, si hay personas que disfrutan más de ese vino rebajándolo con soda, agua o hielo, ¿cuál es el problema? Absolutamente ninguno. De hecho, es una costumbre que nunca pasó, lo que sucede es que al consumidor le da “vergüenza” decir que toma el vino con soda, porque sería casi como una herejía. Por eso el título de la presente columna plantea entre signos de interrogación la palabra “regreso”, considerando que es algo que siempre estuvo.
Es importante saber convivir, ser empático, abarcativo, y comprensivo. Pueden coexistir dentro del mundo del vino, perfectamente, aquellos que prefieren el vino puro, junto con los que lo beben con soda, con los que los prefieren blancos, tintos, o de contratapa de revista. Las preferencias de unos, no tienen porqué atentar contra las de los otros, más aún considerando, una vez más, las variadas posibilidades de consumo que brinda esta bebida (nuestra Bebida Nacional).
Muchas personas tal vez no saben, que lo que sostiene la industria, la base de la pirámide, son los vinos denominados “corrientes” o más “comunes”, si cabe el término. Lo que sostiene a la industria no es el vino de 30 dólares la botella (por poner un valor que nuestros lectores de otros países puedan comprender fácilmente). Por eso, nuevamente, se debe tener cuidado en no desatender ningún sector de “clientes” del vino, para intentar revertir poco a poco la tendencia en la merma del consumo.
Pero atención, todo en su punto medio y en su justa medida, no se trata tampoco de que ahora haya que tomar vino con soda, y no puro, ni tampoco de echar por tierra los vinos de alta gama. Repetimos, como tantas veces lo hicimos: todo puede convivir. Centremos la atención en educar, en enseñar sobre el vino, en una forma bien entendida, en el mejor sentido de la palabra, para poder transmitir de la forma más clara la cultura del vino.
Para finalizar, citamos unos párrafos de una columna que publicamos en el año 2014, hablando del vino “Carlón”, para explicar el origen de la costumbre de rebajar el vino:
“Una de las leyes de la corona española del siglo XVI, citaba que se prohibía el cultivo de la vid en sus colonias americanas, por lo tanto el vino debía ser importado desde España. Con esta premisa, los funcionarios y los altos estratos sociales, se aseguraban la provisión de los vinos finos de la denominación española de La Rioja, de alta calidad. En tanto que, en lo que respecta al resto de la población, debía conformarse con productos más económicos provenientes de Benicarló.
Benicarló es una localidad costera de la provincia de Castellón de la Plana, en la región de Valencia, al Este de España. Allí se elaboraba un vino al que se le agregaba durante su vinificación mosto concentrado cocido, al mejor estilo romano, para preservarlo mejor durante más tiempo. La uva principal con la que se hacía este vino era la Garnacha, junto con la Garnacha Tintorera. Uvas de alto rendimiento en el viñedo, con una carga importante de color y taninos.
Estas cepas, junto con el modo particular de vinificación adoptado, daban como resultado un producto “pesado” en la boca, de gran cuerpo, denso, de unos 15 a 16 grados de alcohol, sabroso, de color intenso azulado oscuro, con una potencia aromática fuerte y persistente. Y justamente por las cualidades descriptas, se hacía un poco difícil beberlo puro, así, directamente del vaso (porque no se piense Usted que se tomaba en copas).
Entonces comenzó la folklórica costumbre argentina de rebajarlo o mezclarlo con agua, hielo, y posteriormente soda. Era la única forma de poder beber los vinos provenientes de Benicarló, que para resumir su nombre los pobladores de aquel entonces los llamaban Carló, lo que finalmente terminó deviniendo en el término Carlón. Desde mediados de los años 1500, hasta principios de 1900, fue un producto tremendamente popular.
Durante esa gran cantidad de años, moldeó y modeló el paladar del consumidor local, e instauró costumbres que aún persisten. No faltaba en ninguna casa del país, en ninguna pulpería, ni en ninguna pizzería (cada escenario acorde a su época).”
Por Diego Di Giacomo.

sábado, 17 de marzo de 2018

CEPAS de ARGENTINA - Cepas argentinas, esas raras por conocer.

Cepas argentinas, esas raras por conocer.
Mientras el insigne Malbec se lleva todos los flashes, y el no menos alabado Torrontés se alza cual “orgullo blanco”, sin tanto renombre y silbando bajito, cepas de las buenas piden pista en el mundo vitivinícola nacional. Portando el cartel de “raras” o “no tradicionales”, estas buenas mozas no se amedrentan frente a la fama de las más convencionales. Y de un tiempo a esta parte, han dado inicio a la ardua tarea de conquistar paladares nacionales. Misión que, por cierto, no les sienta para nada mal… ¿Todavía no las conoce? Pase y beba.

Raras…pero no tanto.

Tal vez no tan populares. Pero netamente raras, a esta altura del partido, cierto es que no lo son tanto. Ya desde la primera década del nueve siglo, las variedades Tannat, Tempranillo y Pinot Gris vienen forjando su buen lugarcito en la escena nacional. Con decirle que las cepas de Tannat comparten alturas con las del mismísimo Torrontés. ¿Qué tal? En los pagos salteños, a más de 1.500 msnm, esta variedad originaria del suroeste francés ha hecho buenas migas con la amplitud térmica y alta exposición solar de los viñedos locales.
Por su parte, la española variedad de Tempranillo ha desembarcado con buen tino en la provincia de La Rioja, e incluso Mendoza, tierra de Malbec, allí donde se la utiliza como componente de tintos de alta gama, ya sea como varietal o en blend.
Finalmente, la francesa variedad de Pinot Gris -en alusión a la forma de “piña” que presentan los pequeños racimos, y al color azul grisáceo de sus frutos- ofrece una interesante alternativa en materia de vinos blancos: con un delicado sabor cítrico y especiado, pueden concebirse ligeros o corpulentos, secos o dulces, dependiendo de la madurez de la uva. Aunque el tinte dorado del vino, con matices cobrizos y hasta levemente rosados, es ese sello inconfundible en su clase.

A experimentar se ha dicho.

Con más anonimato que familiaridad, hay más variedades “experimentales” para este boletín. Desde Italia y con toda su longevidad a cuestas (más de 150 años), las cepas de Casavecchia supieron infundir temores en un comienzo. ¿Lograrían sobrevivir al frio mendocino durante su largo ciclo de vida? Definitivamente, sí. Dueñas de un aroma herbáceo antes de alcanzar la maduración, y frutal a la hora de la cosecha, estas cepas ofrecen tintos de generoso cuerpo y color, con la aspereza propia que impone la fuerte presencia de taninos. Además de cierto tinte cítrico, en el caso de los vinos jóvenes.
Compatriota de la Casavecchia, la variedad de Ancelotta también ofrece uvas con gran cantidad de taninos, por lo que lo suyo son los vinos voluminosos, tanto en blend o como varietal.
Aportando presencia, aunque con algo más de sutileza, la variedad Caladoc es producto de la experimentación. Sí, sí. Se trata de cepas nacidas en Francia, por cruzamiento genético entre Malbec y Garnache. ¿El resultado? Tintos que ofrecen al paladar el sabor de la fruta roja madura, con notas ciertamente especiadas.

Recargadas

Porque nunca es tarde para volver, la variedad Canarí retorna a las copas. De alta vinificación durante los años ’90, en el sur de Mendoza, redobla la apuesta en este siglo XXI: procura conquistar con su perfil sumamente aromático una vez más. ¿Otra que vuelve a la acción? La ya mencionada Garnacha. ¿La recuerda? La cepa madre del desaparecido vino Carlón. ¡Que los añejos paladares lo tengan en su gloria! Lo cierto es que esta antiquísima y popular variedad -una de las más plantadas del mundo-, no sólo supo contribuir con el citado nacimiento de las cepas de Caladoc. Ahora retorna solita y sola, para dar vida a vinos de aromas frutados, a la espera de su grato testeo.
¿Y ahora que me dice? Más vale malo conocido que bueno por conocer, dicen por ahí. Aunque si de vinos argentos se trata, bien vale el bueno conocido, y hasta el raro por conocer. Si no sabe dónde, dese una vuelta por la Pulpería Quilapán. Un par de buenas y raras copas aquí lo esperan.

domingo, 4 de marzo de 2018

Vitivinicultura en Tandil: un fenómeno en expansión.

Cada vez son más las personas que se animan a instalar su viñedo en medio de las sierras de Tandil, haciendo que la producción de vinos se expande a pasos agigantados.
Debido al gran impulso que ha tenido en el último tiempo, la ciudad ya es incluida en las rutas del vino de la Provincia de Buenos Aires y se consolida la región como zona vitivinícola.
Tandil se conjuga dentro de lo que llaman vitivinicultura marítima, primera y única en Argentina por estar en el lado opuesto al resto, hacia el este a una muy baja latitud (Mendoza está en 33º y Tandil en 37º). La vitivinicultura mundial, en su gran parte, es marítima y no de montaña, como en Italia, Australia, Francia, California, Chile.
Alejandro Martínez, sommelier internacional y miembro de Bienbebidos Club Tandil, aseguró en diálogo con El Eco que la ciudad cuenta con las condiciones óptimas para esta práctica. “El desafío es ir aprendiendo a fuerza de prueba y error, cuáles son las variedades que mejor se adaptan a nuestro terruño”.
“A la hora de analizar los vinos que se producen hoy en Tandil, nos encontramos con gratas sorpresas de un terruño nuevo, con buen potencial”, certifica.
En resumen, para Martínez, la ciudad está en la etapa de elaborar vinos jóvenes, es decir, vinos para saborear hoy, con excelente equilibrio, amables y fáciles de beber y disfrutar. “Vinos con los que todos los tandilenses nos podemos sentir muy orgullosos”.