miércoles, 26 de enero de 2022

 


Estudio aseguró que beber vino reduce las probabilidades de contagiarse de Covid-19.

El consumo regular de la bebida nacional reduce las probabilidades de contraer la enfermedad. En cambio, si se toma cerveza puede infectarse con mayor facilidad.

En correlación al avance de la pandemia de coronavirus en todo el mundo, los estudios e investigaciones sobre la enfermedad también han ido aumentando la evidencia científica. Si bien la mayoría suele centrarse en sus efectos, variantes, evolución o tratamientos, también hay otros que han logrado demostrar cómo influyen algunos hábitos, como el consumo de vino y otras bebidas alcohólicas, en el avance y contagio de la enfermedad.

Uno de los más recientes en la materia fue realizado por el Shenzhen Kangning Hospital de China publicado en la revista Frontiers in Nutrition. Su principal descubrimiento fue que las personas que toman moderadamente vino tinto, a un promedio de cinco vasos a la semana, tienen un 17% menos de probabilidades de contagiarse de Covid-19.

Algo similar sucede con el vino blanco y los espumosos, aunque en menor medida. Los que beben entre uno y cuatro vasos de estos estilos a la semana tienen un 8% menos de probabilidades de contagiarse que aquellos que no beben. Sin embargo, el porcentaje no aumenta si se consume más de estas bebidas.

El consumo de cerveza aumenta el riesgo de contagio de covid.

En la misma investigación se detalla que los bebedores de sidra y cerveza tienen entre un 7% y un 28% más de probabilidades de contagiarse de coronavirus, más allá de los vasos que consumen por semana.

Por qué el vino ayuda a reducir el riesgo de contagio de covid? Para los expertos, la respuesta está en el contenido de polifenoles que tiene el vino y que puede ayudar a inhibir el efecto de virus como la gripe o infecciones relacionadas con las vías respiratorias. Asimismo, concluyen que cuanta más cantidad de alcohol duro se consuma, mayor es el riesgo de contagio.

La muestra de esta investigación incluyó a 473.957 personas con una edad media de 69 años, de las cuales 16.559 estaban contagiadas por coronavirus. El total de los participantes se dividió en tres grupos: no bebedores, bebedores y ex bebedores. Los autores arribaron a la conclusión que “las propiedades del vino pueden servir como protección frente al contagio del coronavirus”.

PUBLICADO EN GUARDA 14 DEL DIARIO "LOS ANDES", 26 DE ENERO DEL 2022.

https://www.guarda14.com/noticias/estudio-aseguro-que-beber-vino-reduce-las-probabilidades-de-contagiarse-de-covid-19/

lunes, 3 de enero de 2022

El bodeguero que tiene la cava más alta del mundo y estiba el vino en un socavón a 4000 metros en Uquía.

 


Claudio Zucchino elabora el vino Uraqui y realiza cada año una ceremonia de estiba al subir las botellas para conservarlas en la Mina Moya, donde trabajó su padre como minero cuando él era un niño.

Hijo de un minero y biólogo de profesión, Claudio Zucchino hace el vino más alto del mundo y lo guarda en un antiguo socavón en la montaña, en la mina donde trabajó su padre hace mucho tiempo. Un proyecto de alto vuelo que comparte desde hace 13 años con su compañera Inés Manghesi e incluye una hostería –Viñas de Uquía– de cinco habitaciones que es base de una propuesta turística y gastronómica integral.
El protagonista del proyecto es Uraqui, un vino natural, sin agregados químicos ni paso por madera. Una apuesta por el terroir, que puede ser pedregoso y árido al observar el suelo, pero contiene a su vez un arcoíris mineral manchado del verde de los cardones aquí y allá, uno de los paisajes más bellos de la Tierra.

“Uraqui quiere decir terruño en lengua aymara”, explica Zucchino, que pasó su infancia recorriendo bodegas en busca del vino de mesa que se consumía en su casa. “Así era antes: el vino se compraba directo donde se hacía, sin intermediarios”. El niño volvía en bicicleta haciendo malabares entre los caminos para que aquellas damajuanas llenas honraran la mesa familiar de una época más tranquila, y sin dudas, más austera.

“Mi papá era un porteño de Palermo cuya familia emigró a Haedo. Él se fue a estudiar ingeniería geológica a San Juan y allí se hizo minero; también conoció a mi madre y formaron la familia. Su primer trabajo fue en la mina La Casualidad, yacimiento azufrero de la puna jujeña. Fue donde yo nací y pasé mis primeros cinco años de vida. Tengo la memoria de mi primera infancia en ese bioma tan especial, tan desértico y tan lleno de una belleza singular”, evoca.

“Mi viejo era un minero convencional de la época, de una minería que ya casi no existe, y que fue reemplazada por la mega-minería, que es muy destructiva del medio ambiente. Después de muchos años, con sus amigos, fundaron una empresa minera y así fue que llegaron a Mina Moya en Uquía”, continúa.

La cava más alta del mundo.

Hoy, Mina Moya es el socavón a 4000 metros de altura en el que Claudio estiba sus botellas. Pero cuando comenzó a usar ese espacio como cava, no sabía que su padre había trabajado allí. “Me enteré cuando ya tenía la etiqueta del Uraqui, homenaje al minero, para brindar por una minería sustentable. Recién ahí supe que mi padre y su empresa habían estado trabajando en el socavón. Para mí fue una sorpresa muy rara, porque yo había diseñado todo pensando en mi padre y no sabía que había estado en la mina donde yo guardaba el vino”.

La ceremonia de subirlas es una pequeña fiesta que comenzó a celebrar hace pocos años. Se suspendió por la pandemia, pero va por la cuarta edición. Lo hace pidiendo permiso a la Pachamama –como hacen los mineros antes de entrar en las entrañas del cerro– y acompañado por un selecto grupo de amigos e invitados. Cada uno deja una botella. Todas tienen su numeración y una etiqueta certificadora de guarda, al modo de los vinos de Rioja en España. La producción es muy limitada: entre cuatro y seis mil botellas, según el año. Claudio tiene previsto que algunas pasen allí las próximas tres décadas, para ver cómo evolucionan.

Después de esa pequeña ceremonia de estiba del vino, la tradición es servir un almuerzo. El de 2021 estuvo a cargo de Florencia Rodríguez del restaurante “El Nuevo Progreso” de Tilcara, ganadora del Prix Baron B – Edition Cuisine este mismo año. En colaboración con los chefs de renombre Martín Molteni y Juan Pedro Demuru, los presentes fueron agasajados con patés, habas y llamas, maíz morado, molle, humitas y tamales, corderos, gallos y cabras; papas, membrillos, cayote y ollucos.

Un vino especial.

Uraqui es elaborado por el enólogo Marcos Etchart, que cumplió con el requisito primordial de Zucchino: hacer un vino franco, directo, simple, sin rebusques. Es, además, uno de los más altos del mundo. Pero el récord no es algo que a Claudio le importe especialmente.

“Creo que estamos hablando del vino más alto del mundo, (no del viñedo porque en Nepal hay un viñedo algunos metros más alto). La cuestión del Guinness nunca me interesó, yo terminé haciendo el viñedo aquí porque tenía la tierra. Es el resultado, no la búsqueda. El Uraqui es un vino que ya está significando algo por más que sea una pequeña producción. Lo que está haciendo es gala de una singularidad; una expresión que fue apreciada por el crítico inglés Tim Atkin y que el público aceptó como razonable.

Lo que hace distinto al Uraqui es simplemente eso: un vino sin madera, sin filtrar, sin productos químicos. Es un vino de guarda donde están controladas la acidez, el alcohol y los taninos. Elegimos hacer un blend (Malbec, Syrah, Merlot) y no un varietal; si no tendríamos el Malbec más alto del mundo. La añada 2016 tiene 95 puntos y la 2017 tiene 96 puntos, para el que le interese los puntajes. Y al que desprecia los puntajes pero le gusta el buen vino, que busque un Uraqui, o que lo venga a tomar a mi casa que va a tener más rico gusto”, propone.

PUBLICADO EN DIARIO "LA NACIÓN".

https://www.lanacion.com.ar/revista-lugares/jujuy-el-bodeguero-que-tiene-la-cava-mas-alta-del-mundo-y-estiba-el-vino-en-un-socavon-a-4000-metros-nid30122021/

martes, 28 de diciembre de 2021

La uva de mesa y la diversificación económica regional.

 En la zona del Alto Valle de Río Negro y Neuquén, este cultivo no tiene limitantes productivas para su desarrollo. La clave es realizar un análisis económico antes de iniciarse en la actividad.

Por INTA ALTO VALLE.

El cultivo comercial de uva de mesa existe en el Alto Valle desde principios de los ‘90 como una actividad productiva alternativa a los tradicionales cultivos de pera y manzana.

Hoy tres décadas despues, continúa vigente dada la sostenida demanda de esta fruta, sobre todo del mercado interno regional y de otras provincias como las pampeanas y patagónicas.

Conocer en detalle las características del cultivo, su potencial productivo y económico, permite advertir que se trata de una alternativa viable para la diversificación en la zona.

Según datos aportados por el Mercado Central de Buenos Aires (MCBA) en 2019, la producción nacional de uvas de mesa se calculó en 66.000 toneladas anuales. Además, se estima que el país exporta 5.000 toneladas y compra cerca de 2.000 toneladas de uva de mesa proveniente de Brasil (90%) y Chile (10%) en el segundo semestre, para satisfacer la demanda local.

La Norpatagonia brinda condiciones ideales para el cultivo de uva, por su clima seco y soleado, suelos aptos y agua de riego de muy buena calidad.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Vitivinicultura, las provincias de Río Negro y Neuquén producen 104 hectáreas de uva de mesa, de las cuales el 70% están plantadas con variedades rosadas, el 18% con variedades blancas y el 12% variedades negras.

Para Mario Gallina, investigador del INTA Alto Valle, la Norpatagonia brinda condiciones ideales para el cultivo por su clima seco y soleado, suelos aptos y agua de riego de muy buena calidad. “A pesar de que existen adversidades climáticas como las heladas tardías, granizo, vientos y posibles enfermedades fúngicas, estos aspectos sanitarios se resuelven con la aplicación de distintas herramientas tecnológicas”, explicó Gallina.

Por su parte, el manejo cultural se asimila más a cualquier frutal de pepita o carozo que al de uva para vinificar, por sus requerimientos de mano de obra, insumos, rendimientos y posibilidad de conservación en cámaras frigoríficas.
En cuanto al empleo, se trata de un cultivo con una importante demanda de mano de obra calificada para las tareas de poda y atado, desbrotes, acomodo de brotes, trabajo en los racimos y cosecha son manuales.

Una producción normal y estable promedia los 20.000 y 25.000 kg /ha, suele conservarse en frío hasta junio o julio (según cada variedad), y es en esa época cuando se vuelca al mercado y se obtienen mayores precios.

De acuerdo con Patricia Villarreal, investigadora del INTA Alto Valle, un parral de uva de mesa plantado a 2,5 metros entre filas y 2,5 metros entre plantas con una densidad de 1.600 plantas/ha, riego gravitacional por surco y defensa de heladas pasiva, requiere una inversión de u$s 31.405.

“Es importante considerar que el período de implantación del cultivo es de tres años y la primera producción comercial se obtiene al cuarto año”, señaló Villarreal.

Asimismo, el costo de las labores culturales realizadas durante el ciclo productivo (12 meses) es de u$s 9.241 por hectárea, sin considerar la cosecha.
En esa línea, es importante calcular que el costo de la etapa de recolección de la fruta varia con el rendimiento del cultivo y se estima un costo de u$s 0,104 por kilo.

“En el análisis económico debe incluirse la amortización del parral”, destacó Villarreal, y agregó que: “si se tiene en cuenta la inversión y una vida productiva de 22 años, la amortización anual puede llegar a ser de u$s 1.427 por hectárea”.

Los especialistas señalaron que a raíz del análisis económico se estima que el precio mínimo de venta de la uva de mesa es de 0,40 u$s/kilo para cubrir sus costos directos.
“Este valor es aceptable en el corto plazo, ya que sólo alcanza a cubrir los gastos del cultivo y la amortización de la inversión y no aporta recursos a los gastos generales del establecimiento ni una rentabilidad al productor”, remarcó Villarreal.

Para el cálculo de los ingresos se considera un precio promedio sin IVA de la uva de 0,65 u$s/kilo, dando como resultado un margen bruto de 5.709 u$s por hectárea. En ese sentido, se calcula que ese saldo permite cubrir una parte de los gastos generales de la empresa, al mismo tiempo que aporta a la rentabilidad al establecimiento.

De acuerdo con los técnicos, quienes opten por este cultivo deben tener en cuenta que una buena producción en cantidad y calidad es necesaria, aunque no suficiente, para lograr la rentabilidad deseada.
“El otro componente indispensable es la destreza en la venta y el cobro de la fruta, y muchas veces aumenta dicha rentabilidad al comercializar con el eslabón de la cadena más cercano al consumidor”, concluyeron.

Dato 

104 HasLa superficie que actualmente se cultiva con vides en las provincias de Río Negro y Neuquén.

sábado, 18 de diciembre de 2021

Bodegas rionegrinas tienen un envase ideal para el vino en copa. Utilizan una máquina gestionada por Provincia para vender el mismo vino de sus botellas en un envase que lo conserva por más tiempo.

 

La forma de envasar y fraccionar el producto tiene gran peso en las estrategias y los resultados de cualquier fabricante. Se pueden abrir mercados y llegar a nuevos consumidores si se incorporan formas de envasado novedosas, ofreciendo el mismo producto. Siguiendo ese principio, las bodegas rionegrinas comenzaron a envasar sus vinos en bolsas plásticas dentro de una caja con un grifo plástico para abastecer, esencialmente, al sector gastronómico.

El sistema, conocido como Bag in Box (bolsa en caja, en inglés), tiene ventajas logísticas, permite mantener las condiciones del vino durante más tiempo una vez abierto el envase y genera menor impacto ambiental que el envasado en vidrio. Se utiliza una máquina especial, que fue comprada por el Ministerio de Producción y Agroindustria, que la puso a disposición de la Asociación Civil Ruta del Vino.

El objetivo es ofrecer un consumo de vino alternativo gracias a este formato otorgado en comodato, para que puedan ofrecer ese servicio a las bodegas.

“Estamos haciendo el primer fraccionamiento de vino en un envase nuevo para nosotros, que nos da la opción de ofrecer algo diferente y además nos da la oportunidad de llegar a más clientes en un entorno diferente”, expresó el enólogo de la bodega Humberto Canale, Horacio Bibiloni.

El director de Vitivinicultura de Río Negro, Marcelo Miras, contó sobre la iniciativa: “La propuesta se basó en el concepto de apoyar todos los emprendimientos que conlleven el desarrollo de la vitivinicultura provincial y la optimización de los recursos disponibles, siendo necesario aportar en las etapas finales de la producción y sobre todo en aquello que nos permitan, en tiempo y forma, colaborar asociativamente”.

El sistema de envasado bag in box es una solución para locales gastronómicos y el sector hotelero, por caso, ya que les permite ofrecer vino en copa sin la urgencia de tener que vaciar la botella antes de que el producto se eche a perder. También hay presentaciones pensadas para quienes consumen vino a diario en su casa, pero están lejos de tomar una botella entera.

La enóloga de Bodega Aniello, Eugenia Herrera, comentó que “es nuestra primera experiencia con esta máquina que se incorporó por medio del Ministerio de Producción. Es una alternativa a la que estamos apostando mucho, debido a la gran crisis de desabastecimiento de envases existente. No estaba en los planes hacer Bag in Box en la empresa, pero a partir de la ayuda del Gobierno vimos esta propuesta como una gran alternativa”.

¿Qué es la Bag in Box?

El envase contiene cajas de vino (adaptable a diferentes formatos), un grifo de plástico y una bolsa interna de polietileno. Este sistema, permite servir el “vino por copa” conservando sus propiedades organolépticas en el tiempo

Este formato es ideal para servicios de hostería, ya que se adapta al consumidor en cuanto a capacidad. Se pueden encontrar cajas desde 1,5 litros hasta 15 litros. También, es una buena opción para los consumidores diarios de vino, por la relación calidad-precio, sobre todo en relación a vinos jóvenes.

La innovación tecnológica que se ha dado en los últimos tiempos, propone formas de consumo conscientes con el medio ambiente. Bag In Box, posee un carácter ecológico, por su formato en cuanto a reutilización y evitar el uso de vidrio. Al ser más fácil y más ligero de transportar, el impacto ambiental de la producción de vino bag-in-box es muy inferior a la de las botellas tradicionales. Además todos los materiales que lo componen son reciclables. Además, el vino se conserva óptimo después de 30 días abierto.

Esta propuesta está enmarcada por una gestión, cuya línea integral es transversal en cada tipo de producción, y propone el agregado de valor, la sustentabilidad, y el desarrollo a partir de la aplicación de distintos tipos de tecnologías. Además, del acompañamiento a los productores y productoras de Río Negro, por medio de financiamientos y este tipo de propuestas, que ofrecen la posibilidad de llevar a otro nivel la producción local.

PUBLICADO EN LA MAÑANA DE CIPOLLETTI.

https://www.lmcipolletti.com/bodegas-rionegrinas-tienen-un-envase-ideal-el-vino-copa-n869697