Mostrando entradas con la etiqueta barrio Confluencia de Neuquén.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta barrio Confluencia de Neuquén.. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de julio de 2026

Mabellini Wines. La nueva expresión del Alto Valle.

 


Mabellini Wines.

Mabellini Wines. La nueva expresión del Alto Valle.

Con viñedos en Confluencia y Mainqué, la bodega impulsa una identidad patagónica que combina historia, mezcla de cepas y una enología de alto nivel.


En nuestro recorrido por la región del Alto Valle, la familia Mabellini abrió las puertas de su bodega, en la zona de Confluencia, Neuquén, para probar sus vinos y también los de otros pequeños productores de Río Negro y Neuquén.

Carlos Mabellini y su esposa Lorena Nicolás Creide compraron una chacra en Colonia Confluencia (una zona anexa a la capital de Neuquén) ubicada 1 km del río Limay, 300 metros del río Neuquén y 1,8 km del río Negro (que nace de la confluencia de los dos primeros, de allí el nombre de la colonia). La Chacra Confluencia abarca 6 ha, de las cuales 4,5 fueron plantadas con vid en 2017, reemplazando los frutales originales que la poblaban.

La decisión de plantar vid, se sostenía en un sueño con condimentos “genéticos”. Es que los abuelos de Carlos en 1928 llegaron al valle desde su Brescia (Italia) natal y se asentaron en un pequeño pueblo llamado Cinco Esquinas (a 13 km de esta chacra, pero del lado de la provincia de Río Negro). Allí encontraron que los ingleses del ferrocarril (llegado en 1902 a la estación Limay en Cipolletti) y la Compañía de Tierras del Sud habían instalado en 1908 una estación experimental con las que estudiaban las posibilidades agrícolas de la zona.

La puesta en valor se dio no solo por el ferrocarril, sino también por las obras hidráulicas diseñadas en 1890 por el Ingeniero italiano Cesare Cipolletti (quien había sido contratado en Mendoza por Tiburcio Benegas para el mismo metier) que permitieron construir el dique Ing. Ballester y los canales de riego, que se extienden hasta más allá de Valle Azul y riegan por gravedad más de 70 mil hectáreas.


Los Mabellini plantaron frutales, pero también vides, con cuyas uvas el tío Don Giovanni hacía unos 8.000 litros anuales de un vino que llamaban el “vino alegre”. El padre de Carlos, Pedro, nació en 1931 en La Picasa y su destino no fue hacer vino, sino que fue enviado a estudiar en La Plata, para volver como escribano, profesión que su hijo Carlos también adoptó.

En ese entorno Carlos Mabellini vivió tiempos felices en su infancia y, ya mayor, el vino pasó a ser parte de su vida, convirtiéndose en uno de los más importantes coleccionistas privados del país, con una impresionante cava subterránea que roza las 15.000 botellas.

Pero ese camino de enófilos consumados no iba a ser suficiente, Carlos recuerda que siempre le decía a su padre “tenemos que hacer vino” y este le contestaba “a vos no te gusta hacerlo, te gusta tomarlo”. El desafío estaba planteado y, junto a Lorena, tomaron una decisión que cambiaría el rumbo y en pocos años los ubicaría como protagonistas en la escena del vino de la Patagonia norte: plantar viñedos, construir desde cero una bodega y hacer etiquetas que pudieran competir en nivel con aquellas encumbradas que pueblan su cava.

Así fue como, en esta Chacra Confluencia de suelos aluvionales francos arenosos con un poco de todo lo que trajo el río, hay no solo viñedos, sino también una bodega reluciente, que luce quince impecables tanques de acero inoxidable con capacidades desde 5 a 15 mil litros y 10 huevos de cemento, más una sala con un ánfora y una cuba grande de cemento. Además, cuentan con tres grandes fudres Grenier, que sirven para fermentar, porque tienen tapa extraíble.

También destaca la sala de barricas francesas (de 500 litros) de las mejores marcas: Sylvain, Taransaud, Vernoy, Damy y Mercure, que más de un bodeguero de cualquier parte del mundo envidiaría. La enóloga es Valeria López (también patagónica, de Villa Regina, con paso por Fin del Mundo, Aniello y Pirri) quien, junto con la asesoría de Daniel Pi, desde hace cuatro años viene haciendo maravillas.

La bodega tiene capacidad para bastante más que las uvas de esta chacra, así que en 2020 compraron otra en Mainqué, región donde destacan bodegas como Chacra y Noemía, que eran compradoras del Pinot Noir. Incluye una bodega de 1 millón de litros construida en 1912 y por ahora abandonada, más 20 ha plantadas en 1912 y parcialmente renovadas en 1930 y 1970. Esa chacra tiene historia, fue plantada por los Verdecchia, luego pasó a la familia Sanz y, después del 2000, al enólogo local Kamada. Mabellini trabaja con el asesoramiento agronómico del reconocido especialista mendocino Marcelo Casazza.

Allí encontraron 112 filas de cepas mezcladas, que no sabían bien qué eran, pero un estudio ampelográfico develó como Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot, Zinfandel, Bonarda, Petit Verdot, Trousseau, Balsamina y Criollas, todas tintas. Este año se separó el Merlot (suman 4 ha de esta cepa), que era lo que estaba más impecable, con el cual hacen un lindo Mabellini Rosé de Merlot.

Entre ambas chacras suman 25 ha de viñedo propias (no compran uva a otros productores) y vienen creciendo en producción: de las primeras 7 mil botellas de 2021 pasaron a 15 mil en 2022, 23 mil en 2023 y 75 mil en 2024, con un horizonte de 100 mil botellas.

Los vinos Mabellini.

Elaboran en dos líneas, con varietales de Malbec, Chardonnay, Merlot y Pinot Noir: una reserva con paso por barricas y la otra Gran reserva con paso por fudres o tonel.

Recorriendo la bodega probamos muestras, comenzando con un Chardonnay 2026 elaborado con uvas de Confluencia, tomado del huevo de cemento, que está excelente. Lorena me contó que cuando lo probó el crítico inglés Tim Atkin, preguntó a la enóloga cómo lo hizo y consultó si el vino estaba en la carta del Restaurante Oviedo de Buenos Aires (especializado en pescados y mariscos). Cuando le contestaron que no, mandó en el momento una foto al dueño, Don Emilio Garip, para que lo sume. Ahí se dieron cuenta que le había gustado mucho y luego se enteraron de que le otorgó 94 puntos. Bueno, a mi esta 2026 me encantó, aún antes de conocer esta historia, y no me sorprendería que los supere.

También probamos el Gran Chardonnay desde la barrica de 500 litros en que está reposando la cosecha 2026. Es la misma uva, cosechada igual, pero que termina su fermentación en barrica Taransaud y hasta agosto se sigue haciendo batonnage. Seguimos con los Pinot Noir de Mainqué, cosechas 2026 (30% racimo entero, fermentado en fudre Grenier de 6.500 lt) y 2025 ya con 12 meses en fudre; los dos Malbec de Mainqué: el 2026 en huevo concreto y el 2025 concreto + fudre.

Durante el almuerzo tomamos los vinos ya embotellados, cuyas etiquetas muestran la confluencia de los ríos Limay y Neuquén y el nacimiento del río Negro, incluyendo las dos zonas de sus chacras: Confluencia y Mainqué.

Mabellini Gran Chardonnay 2024, con 11 meses en barrica (es un clon 95 plantado en Confluencia)

Mabellini Merlot Rosé 2024, sin madera, uvas seleccionadas en dos cuadros de Mainqué, vestido en hermosa botella.

Mabellini Pinot - Pinot 2024. 12 meses en barricas de 2º y 3º uso, mitad uvas de Mainqué y mitad de Confluencia, clon 115.

Mabellini Gran Pinot Noir 2024. 100% de Mainqué, selección masal de 70 años.

Mabellini Malbec - Malbec 2024 de Mainqué y Confluencia, con 16 meses de guarda en barricas.

Mabellini Blend de blancas 2024. Compuesto por Torrontés, Maticha Blanca, Semillón, Pedro Giménez, Moscatel rosado, de esas 102 hileras mezcladas que comentamos en Mainqué.

Mabellini Cabernet Franc 2022, uvas de Confluencia.


Mabellini Malbec 2023 con y sin crianza submarina. Se trata de una prueba realizada en conjunto con la Provincia de Río Negro consistente en sumergir un numero de botellas en las aguas del mar para observar su añejamiento, proceso que modifica la evolución del vino y logra un perfil más suave y complejo.

“Trabajamos día a día para ser lo más genuinos y auténticos posibles, sin copiar a ningún otro”

Ángel Ramos, Lorena y Carlos Mabellini.

Carlos Mabellini cumplió “el sueño del pibe”, y el tío Giovanni puede descansar tranquilo sabiendo que su sobrino no solo sigue su legado, sino que está decidido a hacer los mejores vinos posibles en ese mágico terruño del Alto Valle.

Publicado en

El ángel del vino. Blog de vinos.

Vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, 

recomendaciones.

martes, 17 de junio de 2025

Mabellini Wines una bodega en el barrio Confluencia de Neuquén.

 


La historia de amor y tradición detrás de un vino de alta gama que se produce en Neuquén.

Hace más de 7 años, Carlos Mabellini y Lorena Nicolás Creide comenzaron a darle vida a Mabellini Wines, una bodega con carácter y corazón, en el barrio Confluencia.


Identidad, amor y raíz; las formas de tratar la uva; celebrar la propia historia: eso también habita en el vino. Hace menos de una década, Lorena y Carlos decidieron convertir la chacra familiar del Barrio Confluencia en una bodega, para poner en marcha el sueño que acompañó a Carlos desde la infancia y para honrar lo que fueron aprendiendo en un largo camino que vienen transitando juntos.

Buscan hacer un vino de excelencia, en el corazón de la ciudad, que pueda evocar el espíritu de una región que, desde principios y hasta mediados del siglo pasado, supo tener más de 400 pequeñas y medianas producciones vinícolas activas.

Son escribanos, se conocieron en 2002 trabajando en la escribanía Mabellini, cuando Lorena empezaba a hacer sus primeras prácticas profesionales. Pero se enamoraron y la vida tomó otro rumbo. Lorena dice que desde el principio Carlos se propuso presentarle el mundo del vino y que fue match inmediato. Un destino ineludible para una neuquina que desde muy pequeña se colaba en las mesas de los adultos para escuchar las charlas que acompañaba el vino; una niña “viejita”, como le decían sus abuelos, que disfrutaba de irse con ellos largas semanas al campo que tenían cerca del paso Pichachén, donde aprendió a querer todo lo que la tierra neuquina brinda.

“Yo era la más chiquita de las nietas en ese momento. Mi abuelo venía y me decía: ¿viejita, vamos a Chochoy? Él manejaba, yo iba en el medio y mi abuela con su canasta y todos los víveres. Hacíamos viajes eternos al campo, porque mis abuelos eran radioaficionados, entonces íbamos parando en todos los parajes de la cordillera para llevar las cosas que nos iban pidiendo, o en los ranchitos adonde invitaban a Don Creide a compartir el mate”, recuerda.

Hoy Carlos y Lorena tienen dos hijas y también Mabelline Wines, un proyecto que comenzó como una aventura y se convirtió en un producto con puntuaciones internacionales brillantes, para el que trabaja un equipo de profesionales patagónicos, que genera trabajo local y que crece con discreción y belleza, rodeado de viento y barda, muy cerca de la confluencia de los ríos.

El vino alegre.

El amor de Carlos por el vino comenzó en la infancia, en épocas donde las familias solían compartir la mesa y el vino era parte de esa ceremonia preciosa y cotidiana que tanto nos cuesta sostener en la actualidad. En ese entonces, Argentina era la primera consumidora de vino a nivel mundial, con un promedio anual de 100 litros por habitante, un número que hoy se redujo a 20.

Sus dos abuelos, Lorenzo Zannola y Pedro Mabellini, habían llegado desde el mismo pueblo italiano a vivir a Cinco Esquinas, en la zona de La Picasa, lo que hoy es Cinco Saltos. Ambos producían vino, no cualquiera, sino un vino alegre, hecho con entusiasmo en piletones, un vino que se compartía entre los trabajadores de la cosecha, que se brindaba en las carneadas, que se servía para toda la familia, también para los niños con mucha soda. Sin embargo, fue Pedro, el papá de su papá, quien se volvió un especialista y heredó esa tradición a los suyos.

“Cuando era chico íbamos a la casa del tío Giovanni, que se había quedado produciendo en la chacra paterna. Y ahí es donde estaban las dos piletas de 4.000 litros para hacer vino. Yo me preguntaba por qué si era un vino familiar hacían 8.000 litros. Porque era para todos todos, para compartir realmente”, explica Carlos. Y agrega: “Yo no conocí a mis abuelos. Mi papá dejó la vida de chacra cuando tenía 12 años y una familia que le compraba frutas a mi abuelo lo invitó a La Plata para que pudiera hacer la secundaria y la universidad. Entonces si bien yo no lo viví directamente esa vida, ese amor es algo que se lleva en la sangre. Mi papá decía: 'vos no conociste a tus nonos, pero tenés los mismos gustos que ellos'. Es así, los genes se imponen”.

Un sueño compartido.

Carlos siempre quiso hacer su propio vino, pero era un sueño que necesitaba madurar. En cambio, se hizo coleccionista, quizá uno de los más importantes del país. Los primeros vinos que guardó hace 25 años fueron un Lagarde y un Luigi Bosca. Hoy su cava privada es una fiesta de historia y belleza, que resguarda los secretos y trayectos de cientos de productores patagónicos y de cada rincón de Argentina.

“Este espacio también es una forma de mostrar respeto a los hacedores, a todos los que trabajan en la industria, que es muy diversa y muy hermosa. Porque hacer vino es tener contacto y trabajar con la tierra, es respetar y hacer valer tu terroir y llevarlo a 750 mililitros. Es algo increíble, pero se logra”, explica Lorena.

Carlos solía decirle a su papá: “Viejo, tenemos que hacer vino”. Y él siempre le respondía: “Pero a vos no te gusta hacer vino, Carlos, a vos te gusta tomar vino”. Pedro falleció en 2017 y ese mismo año, quizá como homenaje, quizá porque sintieron la necesidad de hacer brotar la memoria, decidieron comenzaron el sueño.

“Fue una decisión. Quisimos hacerlo acá, por todo lo significaba para la familia, pero implicó reconvertir una chacra que tenía peras, ciruelas y manzanas en viñedos. Trabajamos con el ingeniero agrónomo, Marcelo Casazza, de Mendoza, que todavía nos asesoran hasta el día de hoy. Después conocimos a Valeria López, que es nuestra enóloga; ella también es patagónica, es de Villa Regina, al igual que Caverzán, otro ingeniero agrónomo. Eso nos hace armar un equipo realmente muy patagónico y nos encanta: los dueños, el enólogo, el agrónomo. Entonces hay como mucha gente del Alto Valle trabajando en el equipo, también en las chacras y eso bueno, también nos gusta”, dice Lorena.

Además de la producción local, incorporaron una chacra de Mainqué, Río Negro, que posee una bodega con viñedos históricos que construyó la familia Verdecchia en 1912, donde también están haciendo un trabajo de mejoramiento, renovación, podado sobre plantas de más de 60 años.

Viñedos propios y turismo neuquino.

La bodega Mabellini no compra uvas, todo se cosecha en los propios viñedos en pequeñas bandejas de 14 kilos, en un proceso de selección que es manual, donde trabaja y disfruta toda la familia. En 2021 tuvieron la primera cosecha, luego de haber plantado en 2018. Esa primera etapa permitió obtener 7 mil botellas, que al siguiente año se convirtieron luego por 15 mil y se proponen alcanzar las 70 mil.

No buscan cantidad, sino trabajar sobre la calidad. Carlos y Lorena dicen que están en un proceso de aprendizaje de muchas cosas dentro de la industria, intentando nunca dejar de disfrutar el proceso. Y lo hacen con pasión, porque no reconocen otra forma de encontrarse con el vino, pero también con respeto, porque saben que este terruño tiene tradición y memoria.

Hace varios años Lorena tiene “el corazón dividido en dos”, dice. Además de la bodega, administra la Estancia Chohoy Mallín, a la que iba a jugar de niña con sus abuelos. La estancia, que está ubicada muy cerca de la frontera con Chile, a pocos kilómetros de Los Guañacos y a unos 100 de Chos Malal, se convirtió en un Lodge de pesca más que atractivo para el turismo.

“Lo que hacemos tiene que ver con la identidad, es recuperar las tradiciones familiares, es hacer prevalecer Neuquén. En la estancia, mantenemos la tradición de la trashumancia. La parte turística fue algo mío, que quise hacer porque me encanta. Convertí mi casa: guardé todas nuestras cosas y armé el Lodge. Ahí siempre pasábamos el verano con mis hijas, así que cada turista que llegaba lo atendíamos todos a cuerpo de rey. Hasta que vimos que sí, que funcionaba, que la gente volvía. Entonces comenzamos a construir el nuevo lodge que ya tiene seis habitaciones”, explica. “Hay mucho esfuerzo atrás de todo esto, pero tenemos plena conciencia que no sólo es lo que amamos, sino también es la forma de que todo quede en Neuquén”, agrega.

Hace décadas que Neuquén viene apostando a la industria turística como una posibilidad concreta de diversificar la economía. Los últimos años se convirtió en una realidad que, aunque pueda requerir mayor impulso, siempre avanza. El sector bodeguero es un aliado estratégico. Este año, en el Festival del Chef Patagónico de Villa Pehuenia estuvo presente la carpa de Vinos de la Patagonia, una sinergia entre Neuquén y Río Negro que permite destacar la potencialidad de los vinos de la Patagonia Norte.

“Creo que tenemos que unir la gastronomía con el vino en un solo espacio. Es fundamental, porque somos parte de la cadena gastronómica. No hay gastronomía sin vino, sin cerveza, sin jugo natural. Entonces, somos todos los productores que tenemos que estar juntos. Entre las bodegas nos llevamos todos muy bien. Incluso hasta para cortes, para armar vinos, nos llamamos, nos consultamos. Cada vino tiene su terroir, entonces, no hay competencia. Somos todos hacedores de vino en nuestra tierra y cuanto más unidos estemos, mejor”, concluye Lorena.

Hay muchas formas de honrar la tierra, muchas formas de ser Neuquén. Carlos y Lorena la encontraron volviendo a la infancia, tejiendo y destejiendo una tradición, reconociendo la raíz y haciéndola vino.






Publicado en La Mañana de Neuquén.

Domingo 15 de junio del 2025.

Por Cecilia Rayén Guerrero Dewey. 

Imágenes: Claudio Espinoza.

HISTORIAS NEUQUINAS.

https://www.lmneuquen.com/neuquen/la-historia-amor-y-tradicion-detras-un-vino-alta-gama-que-se-produce-neuquen-n1194107