domingo, 16 de agosto de 2026

Bodega Costa y los vinos SAPO.


Bodega Costa.

Bodega Costa y los vinos SAPO.

La Patagonia argentina sigue demostrando que, más allá de las bodegas históricas y los proyectos ya consolidados, todavía tiene historias nuevas para contar.

Algunas nacen de grandes inversiones; otras, de trayectorias personales construidas durante décadas entre viñedos, cosechas y fermentaciones. Este último es el caso de Bodega Costa, el proyecto familiar impulsado por Polo Costantino en Mainqué, que busca interpretar distintos rincones del Alto Valle a través de vinos de mínima intervención agrupados bajo el nombre SAPO.

La oportunidad de conocerlos llegó durante una degustación realizada en el restaurante El Distinto, frente a la barda sur, conducida por Juan Costantino, hijo de Polo y una de las caras visibles de esta nueva etapa familiar.


Detrás del proyecto hay una historia ligada profundamente a la vitivinicultura regional. Durante más de dos décadas, Polo Costantino trabajó en una de las bodegas más reconocidas de la Patagonia: Chacra. Allí desarrolló buena parte de su experiencia en viñedo y elaboración, conocimientos que hoy vuelca en una microbodega cuya escala permite trabajar con enorme precisión cada parcela y cada vinificación.

El origen de Costa se remonta a 2020, cuando Polo recibió como homenaje un vino denominado El Sapo, acrónimo de "Sin Azufre Polo". Aquella etiqueta terminó convirtiéndose en mucho más que un regalo. Representó el inicio de una filosofía de elaboración basada en la mínima intervención, sin sulfitos añadidos y con un profundo respeto por la expresión del viñedo. La elección del nombre SAPO para la línea principal mantiene vivo ese espíritu fundacional.

La familia busca representar distintas zonas del Alto Valle, una región que muchas veces es percibida como homogénea pero que presenta marcadas diferencias geográficas. Basta observar que existe un desnivel aproximado de 140 metros desde el dique Ballester hasta Chichinales, acompañando el recorrido de los históricos canales de riego. Son cambios sutiles para quien los observa desde la ruta, pero determinantes para comprender diferencias de suelos, clima, maduración y estilos de vino.


Además, en la Patagonia las fermentaciones suelen coincidir con la llegada de las primeras bajas temperaturas otoñales. Esa combinación contribuye naturalmente a procesos más lentos y, muchas veces, más delicados, algo que el equipo aprovecha en sus elaboraciones.

Las vinificaciones se realizan en pequeña escala y con herramientas sencillas. Parte de la crianza se desarrolla en barricas usadas provenientes de Chacra, privilegiando recipientes que aportan microoxigenación sin marcar fuertemente el perfil aromático de los vinos.

Son vinos de bajo alcohol, frescos y muy personales, en un estilo que hace furor dentro de lo que Joaquín Hidalgo (a mi juicio uno de los mejores periodistas y críticos argentinos de vinos, que escribe para La Nación, Vinómanos y Vinous.com) denominó como "el círculo tinto", el grupo que dicta un poco la moda en el agitado mundo del vino. Un estilo que, sin embargo, puede generar resistencia entre quienes prefieren expresiones más clásicas. Vos sabrás de qué lado estás y si este estilo de vinos tiene lugar o no entre tus preferencias.

Juan Costantino.

A continuación les cuento de los cuatro vinos que probamos, servidos y explicados por Juan Costatini, aclarando que las notas de cata (abajo, en letra cursiva) fueron brindadas por la bodega:

SAPO Chardonnay.

Tensión, frescura y textura. El Chardonnay proviene de viñedos plantados en Allen durante la década de 1990, originalmente destinados a bases para espumantes. Se trabaja con prensado de racimo entero y combina crianza en barricas de segundo y tercer uso junto con recipientes de hormigón.

En la copa aparece algo dorado y ligeramente opalescente, consecuencia de una elaboración sin filtrados agresivos. Aromáticamente despliega una interesante combinación de manzana verde, pera y notas cítricas acompañadas por recuerdos herbales y una sutil impronta melosa.

En boca destaca por una acidez elevada y una textura amplia generada por el trabajo sobre borras. Su final cítrico y persistente lo convierte en un blanco de perfil gastronómico, muy lejos de las versiones más maduras o exuberantes que suelen encontrarse en otras regiones argentinas.


SAPO Pinot Noir 2025.

Procede de Stefenelli, de viñedos que superan los 120 años de antigüedad, un verdadero patrimonio vitícola del Alto Valle. La elaboración incluye un 33 % de racimo entero, fermentaciones en barrica y una parte de maceración carbónica, recursos utilizados para construir complejidad sin perder frescura.

En nariz aparecen progresivamente notas de tierra húmeda, hojarasca, flores y frutas rojas maduras que recuerdan a las guindas. La boca es ágil, fresca y con taninos que aportan textura sin endurecer el conjunto.

Es un Pinot Noir que privilegia el origen por encima de la elaboración. Tiene algo salvaje y descontracturado que resulta particularmente atractivo para quienes buscan vinos menos uniformes y más ligados a la identidad del lugar.

SAPO Malbec.

Otra lectura de la variedad. También proveniente de una finca centenaria de Stefenelli, este Malbec se aparta de los perfiles más maduros y concentrados que durante años dominaron el mercado argentino.

Las frutas negras y rojas aparecen acompañadas por notas balsámicas de eucalipto y menta que aportan frescura. En boca es jugoso, de textura fluida y con taninos firmes pero bien integrados. Lo más interesante es quizá su propuesta de consumo: servirlo entre 10 y 12 grados. Una temperatura poco habitual para el varietal, pero que aquí ayuda a resaltar su energía y su perfil frutal.


SAPO Riesling.

Dentro de la degustación fue probablemente el vino más singular. El Riesling continúa siendo una variedad minoritaria en Argentina, y aún más escasa en Patagonia, donde Humberto Canale, con viñedos de 1937, es su más fiel representante.

Sus aromas recuerdan a lima, durazno blanco y piedra mojada, acompañados por delicados tonos florales y herbales. En boca muestra una acidez filosa y precisa, con una marcada sensación de tensión que se prolonga hacia un final salino y persistente.

Es un vino que exige atención y que seguramente encontrará su público entre quienes disfrutan blancos de gran frescura y perfil europeo.

SAPO Petit Verdot.

Fue el único que no probamos. La bodega lo describe así: Los aromas de moras, ciruelas, pimienta negra y cacao aparecen acompañados por un leve matiz balsámico. En boca presenta taninos marcados y una estructura importante, aunque sostenida por una acidez vibrante que aporta dinamismo y evita cualquier sensación de pesadez. El final es largo, con recuerdos terrosos y de chocolate amargo.

Bodega Costa es todavía un proyecto pequeño, pero refleja una tendencia cada vez más visible en la Patagonia: elaboradores que buscan correrse de los modelos más estandarizados para profundizar en la identidad de sus viñedos y de sus lugares de origen.

La experiencia acumulada por Polo Costantino durante años de trabajo en una de las bodegas más prestigiosas de Río Negro encuentra aquí una expresión propia, familiar y sin artificios.

Los vinos SAPO no buscan seducir desde la perfección técnica ni desde la concentración extrema. Prefieren mostrar las particularidades de cada parcela, aceptar cierto grado de rusticidad y dejar que el Alto Valle hable con voz propia. Y en una región cuya historia vitícola supera largamente el siglo de vida, encontrar nuevas formas de interpretar ese patrimonio siempre merece atención.

Bodega Costa es una nueva voz para el Alto Valle y una muestra de que la vitivinicultura patagónica todavía tiene mucho terreno por explorar.

* Publicado en

El ángel del vino. Blog de vinos.

Vino argentino y del mundo, tipos, regiones, historia, bodegas, recomendaciones.

https://angelyvino.blogspot.com/

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